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  • Florinda

VIVERO CAFÉ · PARTE II




Más contacto con la naturaleza en nuestras rutinas urbanas diarias. Ahí está, esa era la propuesta de valor, para mi nueva marca.

Ahora me faltaba… todo lo demás!

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Interrumpo con algo clave. En ese entonces yo vivía en un monoambiente diminuto, en Núñez.

A la vuelta de mi pequeño hogar estaba (y está) Los Colihues. Un vivero de barrio lindísimo instalado en una casa antigua muy venida abajo, pero perfecta.

Entraba cada tanto. Pero todos los días pasaba por la puerta.

Un día… logré darme cuenta de que la casa en vez de número… tenía nombre!

Villa Esperanza. Wa! Qué nombre.

¿Qué casa tiene nombre en vez de número? Y sí, una muy vieja. Necesitaba saberlo todo. Hay dos personas en un barrio que lo saben todo, el cura de más edad de la iglesia más cercana… y el primer portero que te cruces en el barrio.

Dicho y hecho, mi portero sabía todo de la casa, de su antigüedad y de sus ex dueños. Resulta que la casa tiene más de cien años, y está en ese mismo lugar desde que Núñez era un sector de quintas. Un descampado.

Cuando algo me gusta y me entero de que tiene más de 100 años, paso de quererlo mucho a amarlo. No sé, es así. Amé y amo esa casa.

Resumo: yo quería hacer mi vivero café ahí. En ese vivero, en esa casa. En mi mirada del momento… era “tan solo” agregarle el café.

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Volvamos a Buenos Aires Emprende.

Faltaba poco para tener que presentar nuestros proyectos, y que uno sea el elegido para la beca.

Nos enteramos de que el día de la presentación oral (recordemos mi fobia), iba a estar presente un inversor Ángel del IAE.

Yo en esa instancia necesitaba que estuvieran presentes todos los ángeles posibles porque no sabía cómo hacer para bajar algo en limpio que pareciera un negocio y no un capricho.

Así que me puse a convocar Ángeles.

Me junté con Mechi. Una amiga con muchísima experiencia en Marketing, que me salvó. Genia! Con ella armé algo decente para presentar. Ella tenía la capacidad de armarlo con excelencia, pero yo no tenía la información necesaria.

Nos habían dejado muy en claro, que para ganar la beca teníamos que presentar un equipo. Que a BA Emprende podíamos ir como emprendedores solitarios, pero que el IAE era en equipo.

Convoqué a tres amigas que admiro muchísimo:

Ale Campomar, abogada, creadora de @buenosairesparachicos. Entre muchas cosas Ale me iba a ayudar a generar una comunidad, a que el proyecto tuviera un sentido social. Admirable Ale. No se la pierdan.

Agustina Karl, ingeniera en alimentos. Referente en control de calidad y logística. Experta en la materia. Ella es mi famosa “amiga del alma de las listitas”. Todo lo anota, todo lo ordena, todo lo resuelve. Y siempre con mucha frescura y una sonrisa.

Carolina Meneghello. Diseñadora. Mi sobrina de 30. Selectiva e impecable. Espacio que habita, espacio que hace brillar.

Sus nombres ya estaban en mi presentación. Y ellas muy entusiasmadas con vivir la experiencia del IAE si llegaba a darse.

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La mañana del día de la presentación hasta fui a la peluquería. Estaba tan nerviosa. Necesitaba que algo estuviera bajo control y decidí que ese algo iba a ser mi pelo. Así que pasé toda la mañana en la peluquería intentando “renovar mi cabeza” y me fui para el curso.

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Una mala y una buena.

El inversor Ángel faltó. Gracias, dios!! Estrés reducido a la mitad. Esa era la buena.

Treinta personas habremos arrancado ese curso, el día de la presentación de proyectos éramos siete. Mi pensamiento viraba entre: “tenés más chances Vi!” y “qué hacés acá, mujer!!??”.

Pavor.

Me tocó el turno y presenté mi simple propuesta.

Partiendo de la base de rutinas urbanas agotadoras intenté que suene obvia la necesidad de fomentar espacios verdes de reposo en la ciudad y de ahí el desprendimiento de mi propuesta de valor.

Comenté el hallazgo de un vivero perfecto en el cual podría ser un buen negocio instalar una cafetería saludable, aprovechando un espacio verde que ya estaba dado.

Y presente brevemente, con un logo*, la marca creada.

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*Ciertas cosas son golpes de suerte. Como ser amiga de una de las ilustradoras más talentosas de Buenos Aires. En este mismo instante dejen de leer y vayan a seguirla: @joechandi. Está brindándose al mundo, viviendo en el exterior, pero toma pedidos vía mail para luego hacer entregas digitales. Hace magias!

El día que la llamé y le conté lo que me estaba pasando no dudó ni un instante. No tardó más de 48 horas en entregarme mi bello logo, sin costo alguno. Simple como yo lo quería, perfecto. Bondad.

Gracias a Jo tuve mi primera materialización de Florinda Café.

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Terminaron todas las presentaciones y me fui a mi casa feliz de haberlo transitado sin desmayos.

El profesor dijo que teníamos que enviar por mail lo que habíamos presentado y que a la semana publicarían al ganador por Facebook.

Yo envíe mi trabajo cuando salí de ahí, desde el colectivo.

Como siempre, distraída y apresurada lo envíe mal !!!!!! (pero no me di cuenta)

Este error no tuvo sentido de ser. Pero lo importante acá es otra cosa. Y es que no cambió el desenlace en lo más mínimo.

Toda la vida le temí muchísimo a equivocarme. Y hasta acá esta sola experiencia ya me había demostrado que mi primer error fue un golpe de suerte… y me iba a demostrar que el segundo sería insignificante.

Cuando algo tiene que ser… ES.

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Pasaban los días, y yo no recibía ni un molesto OK del tutor. ¿Qué onda? ¿Ni un ok?

“No ves Vivi, qué ridícula fuiste todo este tiempo. Es tan absurdo que lo hayas presentado, que el tipo no te manda ni un ok de respuesta.” “Bueno, Vivi, lo intentaste, ya fue.”

Al otro día recibo una solicitud de mensaje de Facebook de un desconocido. Era el tutor diciéndome que no había recibido mi presentación. Que la estaba esperando, que por favor se la enviara lo antes posible.

¿La estaba esperando? ¿Lo antes posible?

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10 de noviembre 2015 – Me llega un mensaje de uno de mis compañeros del curso de BA Emprende. “Felicitaciones Vivi !!!!!”

(Ya les hablaré de ellos porque me tocó un grupo increíble.)

Entro a Facebook y leo que Florinda Café había ganado la beca en Naves del IAE. Me iban a ayudar a evaluar, y desarrollar la idea. Gratitud plena!

Qué nivel de felicidad sentí ese día. Expansiva.

Me sentí y me siento muy agradecida de esa experiencia. De principio a fin.

De esa magia que me vi venir desde el primer instante, pero que no dejó de sorprenderme en ningún momento.

En estos días les resumo la experiencia de la beca y les comparto como pienso seguir adelante…

Gracias por leer, y por tantos mensajes lindos!

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